Estuve leyendo un poema que me causo cierta congoja en el alma, una necesidad que no es necesaria, y un repentino momento de querer empezar a querer a alguien que no me quiere. Ayer me lo encontré, planeé nuestro perfecto encuentro para poder ser feliz, él siempre sabe como hacerme feliz y existen muchas maneras de rechazarlo, pero no, conmigo el rechazo no lucha, se queda ahí, no sale, nunca sale. Nos vimos tiernamente, siempre tiene una mirada que me enamora de la manera más pendeja, una mirada desde el colegio que no puedo borrar. Lo besé, me miró, y caminó adelante mío. Entramos a una casa con olor a artista, a soledad, a viaje, un olor que nos ayudaba en nuestro temor de que alguien nos pudiese encontrar en una casa totalmente ajena a nuestras necesidades y a nuestra falsa lucha por amarnos. Fuimos a la cocina, me dio una lata de cerveza, y me llevó hasta la escalera, subí con cierto miedo, y caprichosa, de pasadita voté un cuadro, y se rompió, y el solo dijo “después lo pego”, y subimos, entramos a ese cuarto amplio, con una cama bastante ancha, bastante perfecta para nosotros, observé todo para grabarlo en mi memoria y no olvidar ese momento que de repente yo había fabricado. Me eché en la cama, temblorosa, ansiosa por él, prendí la televisión y él entró al baño, lo esperé, siempre estuve esperándolo. Salió, se quitó el polo, me miró coquetamente, le sonreí y me puse roja, seguía mirando la televisión. Sin polo, se abalanzó entre mi cuerpo y mi cabello, me abrazo fuertemente, lentamente me besaba y sentía que debía amarlo en esa escena, actuar que los dos éramos los protagonistas de un amor de cine, de película, que hacíamos el amor porque era una manera de demostrar ese amor oculto y no por sexo, que nuestros orgasmos no eran fingidos sino realmente sinceros, sin actuaciones, me sentí bien, besándolo me sentí bien. De pronto se paró con fuerza, se arrodilló frente a mi y frente a mis piernas, desabotonó mi pantalón, me lo saco despacio, lo tiró con furia, y me sujetó las piernas con fuerza, me besó, y se paró, se fue al baño, nuevamente. Volvió, ahí estaba, desnudo, bello, blanco, tan blanco que me cegaba. Me desnudó, nos abrazamos, nos besamos, hicimos los comportamientos que existen, y nos cansamos, nos miramos, y no nos brotó un te quiero, solo un momento insatisfactorio, todo se arruinó, nuestra película, termino de filmarse. Me paré, entré al baño, me duché, salí, y sentí que me miró con algo de enamoramiento que se cruzaba entre sus ojos, algo que no quería dejar salir, pero estaba segura que eso era. Nos cambiamos, arreglamos el cuadro, nos dimos un beso y salimos para el parque a encontrarnos con unos amigos, nos despedimos, al final nunca sucedió nada, solo lo de siempre, la costumbre de manejarme a su antojo.