lunes, 17 de agosto de 2009

Sueño con vos, contigo, con usted

Caminaba por ahí, entre vereda y vereda, un momento que se borraba con cada sonido de auto, un recuerdo que se me venía a la mente para ser eliminado después de un rato. Hoy no vi las noticias en la mañana, me levanté tan apurada que mi lucha contra el tiempo era tal vez, sin victoria. Decidí comprar un periódico saliendo de la universidad, en ese kiosco que esta en la esquina, ese azul con puertas débiles, con pintura antigua, con un señor sin historia. De pronto, mientras miraba la punta de mis zapatos moviéndose a paso lento, levanté la mirada y estaba él, parado dando la espalda, ojeando los periódicos colgados, volteó con fuerza, decidido por comprar un periódico que tenía como portada algo relacionado con el equipo de la "U", y sacó una china de su bolsillo, apunto de irse, me miró a unos pocos metros de distancia, me sonrió, me acerqué, y nuestro saludo no fue planeado, fue de barrio, un saludo como si nos conociéramos de toda la vida, como si nos tratáramos seguido, un saludo realmente confuso y exagerado. Empecé a comentarle que todo me iba bien, y entre risas nos acordábamos de esos momentos inconclusos entre nosotros, de esas, nuestras anécdotas que siempre terminarán, y de mi hija. Soltamos una broma, una tras otra, seguida de la segunda, y seguida de la tercera, y así entre bromas, empezó la melancolía, la tristeza que nos rodea a diario, esa tristeza cobarde que misteriosamente nos hace extrañarnos, que después de encontrarnos, siempre realizaremos una historia pequeña, como las miles que ya tuvimos. Y lo único que faltó para que ese instante sea una anécdota más, fue un beso largo y de despedida, una despedida que nos durará siempre, para luego encontrarnos así, de repente ya no en un kiosco, la próxima vez será en un lugar imposible de la imaginación, y él me contará de su vida, de su propia hija. Después de tanto misterio, de tanto encanto, me di cuenta, que esa caminata y ese encuentro nunca existió, fui víctima de mi propia conciencia, de esa que me atormenta todos los días, la que me engaña con odio, la que retuerce mis nervios y la que me escurre los recuerdos, sobretodo los que tengo con él, y así debo concluir, y debo aclarar que todo fue un pendejo sueño, así, maldito, pendejo, un sueño.

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