sábado, 5 de septiembre de 2009

Adiós darling

Amaneció un poco tarde y el cielo se ve de un color tenso que me causa escalofríos. En la tiendecita de Marta no he conseguido pasta dental, tampoco jabón, y mucho menos encontré cigarros; de pronto me di cuenta que Marta estaba perdiendo su negocio. La cara tosca de Marta tenía cierta preocupación sospechosa que difamaba algunas voces pidiendo auxilio sin que nadie las escuche, sus ojos pardos ya no serían pardos, si no se volverían tan claros por llorar tan a menudo, esas ojeras como si alguien se las hubiese maquillado y esos labios cubriendo un secreto. Regresé a casa triste, con pasos lentos y casi temblando, necesitaba un cigarro y no lo tenía. Entré a la cocina a prepararme lo de siempre “macarrones”, porque es lo único que me nace hacer. Me siento en la mesa, sola, en el lado de la cabecera, con un vino de hace 10 años y lo sirvo junto con los macarrones hechos con desgano y me oculto entre cubiertos y una servilleta de tela y me siento como en una escena de “Mi pobre angelito”, y mis padres se olvidan de llevarme como amuleto y espero que dos ladrones con poca inteligencia entren por la puerta trasera y haya puesto las trampas correctas, donde los atrapo y la policía se vuelve héroe. Por fin logro dormir y entro en un mundo aparte, puedo cambiar las realidades de mis sueños y puedo morir y revivir en mis pesadillas y luego acabar lamentándome. Suena el teléfono e interrumpe una de mis vidas inventadas en mi cabeza, contesto con voz cansada y pregunto con cierta satisfacción quien llamaba tan tarde…

- Soy yo, perdón por llamarte así, pero necesito hablarte-
- ¡Vaya!, espero que tengas una buena razón, porque te colgaría si es alguna estupidez amor-
- No querida, es algo que te va a sorprender-
- Entonces… ¡Sorpréndeme!-
- Tu cuerpo no me gusta, tu no existes, tu me agotas-
- Querido… que lástima-
- No amor, no sigas, yo soy el que siente lástima por ti-
- Si darling… voy sorprendiéndome-

Me pongo como mi mamá en sus histerias con papá, lanzo cosas, lloro, lloro tanto que me salen sangre por los oídos, mis lágrimas se agotan y quiero seguir llorando, me oculto entre las sábanas y decido no salir, lo odio, te odio darling, tanto como odias a mi cuerpo. No te amo, solo te utilizo para mis histerias, pero no para mis deseos y satisfacciones. Te quiero llevar a una de mis pesadillas y estarías en tu propia mierda, estarías en mi cabeza que es parte de este cuerpo que tanto quieres aniquilar.
Siento unos latidos fuertes, tengo el rostro de Marta atendiéndome en la tiendencita ya casi vacía, me siento como mamá cuando fingía sus desmayos para que papá no nos abandonara, estoy viéndome sonriendo, despidiéndome de un espejo, siento unas punzadas lentas y ya no tan agitadas, me encojo y pataleo y quedo totalmente morada y con los ojos abiertos, vienen los policías héroes y confirman que fallecí por asfixia cuando decidía ocultarme por un largo momento.

martes, 1 de septiembre de 2009

Chaplin, Charles, Chaplin, Charles, Charles Chaplin, CH, CH


Charles Chaplin, uno de los que me inspira siempre, con creatividad y humor puedo imaginármelo a mí costado, sentado entre mis piernas danzando con pulgas, como en su teatro de cartón acurrucando al público con su encanto nato y recibiendo aplausos de oro. Ahora que no lo he visto personalmente, y que tal vez en otra vida, una vida a la cual yo si pertenezca, nos encontraremos y fundaremos lo que tanto quiero hacer con él, un mundo hecho de escenarios y con actores de lo real.

“Recetas para olvidarnos de las enfermedades que nos perturban todo el tiempo, que nos persiguen y nos hacen menos, recetas”

Hagamos ruido

Muchas veces en la mediocridad de las calles y en el pasar del tiempo he llegado a enamorarme de las dificultades que trae la vida como cartera, esas que se te presentan cubiertas de facilidades y que luego te dan el doble reflejo, de tu reflejo y de tu sombra que aturde esa imaginación que uno mismo produce y quiere liberar. Caminando para ir por ahí, me puse a meditar entre cada paso y entre cada vereda, comenté con las mayólicas de las casas y con los postes que me rodeaban que yo era una tela de cuadritos, lisa y complicada, que calienta por un rato y luego se acostumbran a ella, que sirve en momentos fríos y que luego desechan con el paso del tiempo. Fui a casa de un tío que veo muy seguido, almorzamos en la terraza, tomamos campari y nos echamos un largo tiempo en esos sillones blancos cargados de pureza e infidelidades. Conversamos de todo aquello que nos perjudica y que nos jode, de todo eso que nos daña solapamente, de eso que te carcome poco a poco los órganos más importantes de tu cuerpo, cuando por ahí me dijo: “Cuando yo muera, de repente, en algunos años, en algún tiempo, quiero que sepas que nunca me gustó estar solo, siempre me gustó estar con ruido y si me encontrase solo, no lo estaría, porque tendría compañía, cuando era niño, convivía con 11 hermanos, donde se sentía esa vida cargada de risas, de llantos, de pleitos y la costumbre de siempre tener bulla hizo que le temiera a la soledad y cuando me veía solo en casa, prendía la radio, la televisión, y leía en voz alta, para escuchar esas voces que tanto me satisfacen…” : el punto es que, mientras el siente ruido en cada momento, yo necesito que me preste ese ruido para no encontrarme tan seguido con esa soledad que ya tiene la mitad de mi alma, la mitad de mi mente, la mitad de mis cosas, quiero exterminarla, con ruido o sin él, la quiero eliminar.