En un bar a las diez, nos encontramos puntuales, bellos, distintos, bohemios. Me senté y lo observé, nos acordamos de esas épocas que se olvidan hasta que las vuelves a renacer, nos sonreímos, y nos volvimos a querer.
-Estoy de vuelta, pero aún no sé si me quedaré, no tengo ningún compromiso aquí-
-Jaja, no es necesario que tengas uno, puedes quedarte, solo por querer quedarte-
-Tú sabes que sin compromisos, no funciono-
-Sí, lo sé bien-
-Cambiando de tema, ¿cómo te ha ido todo?-
-Bien, felizmente, estresada por trabajo, pero todo bien-
-Ah… y… ¿te casarás?, ¿tienes hijos?
-Tengo 27 años, no es necesario que esté casada y con hijos, aún soy libre-
-Sí, siempre lo fuiste, tu libertad esta primero, que increíble… lo había olvidado-
-¿Tú?, ¿olvidar?, jaja, hemos cambiado… profundamente-
-Sí, los dos-
Nos fuimos, decidimos caminar por ahí, “como hace años”, dijimos. Después de esa larga caminata, nos sentamos en unas bancas en el parque Kennedy, nos vimos mucho, sin parpadear, sin rencor, con ilusión, nos pintamos con la personalidad de hace muchos años, para extrañarnos y volver en esos tiempos, solo por unos segundos, y luego cambiar y convertirnos en lo que somos, y que nunca quisimos ser. Nos preguntamos cosas, las mismas preguntas de cuando éramos mocosos en época de golosinas, “primero vas tú, y luego voy yo, ya ¡comienza!”. Era tarde, me paré para despedir esos recuerdos que vinieron, me cogió de la cintura y me jaló con fuerza, puse mis brazos alrededor de su cuello, lo mire fijo sintiendo su respiración, acaricié su cabello, lo besé.
-Estoy de vuelta, pero aún no sé si me quedaré, no tengo ningún compromiso aquí-
-Jaja, no es necesario que tengas uno, puedes quedarte, solo por querer quedarte-
-Tú sabes que sin compromisos, no funciono-
-Sí, lo sé bien-
-Cambiando de tema, ¿cómo te ha ido todo?-
-Bien, felizmente, estresada por trabajo, pero todo bien-
-Ah… y… ¿te casarás?, ¿tienes hijos?
-Tengo 27 años, no es necesario que esté casada y con hijos, aún soy libre-
-Sí, siempre lo fuiste, tu libertad esta primero, que increíble… lo había olvidado-
-¿Tú?, ¿olvidar?, jaja, hemos cambiado… profundamente-
-Sí, los dos-
Nos fuimos, decidimos caminar por ahí, “como hace años”, dijimos. Después de esa larga caminata, nos sentamos en unas bancas en el parque Kennedy, nos vimos mucho, sin parpadear, sin rencor, con ilusión, nos pintamos con la personalidad de hace muchos años, para extrañarnos y volver en esos tiempos, solo por unos segundos, y luego cambiar y convertirnos en lo que somos, y que nunca quisimos ser. Nos preguntamos cosas, las mismas preguntas de cuando éramos mocosos en época de golosinas, “primero vas tú, y luego voy yo, ya ¡comienza!”. Era tarde, me paré para despedir esos recuerdos que vinieron, me cogió de la cintura y me jaló con fuerza, puse mis brazos alrededor de su cuello, lo mire fijo sintiendo su respiración, acaricié su cabello, lo besé.
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