martes, 27 de octubre de 2009

¡Tú interés me mata!

Cuando lo miro, creo que me estiro, en serio, no lo digo literalmente, me estiro… de pronto se me eriza la piel, me pongo nerviosa, babeo, muevo las mandíbulas como si tuviera rabia, lo quiero besar, ¡POR LA PUTA MADRE! lo quiero besar. Todo comenzó con una simple y estúpida mirada de esas que son comunes, que huevada. Ahora estoy cojuda por él, muriéndome por él.

S: HOLA!, qué tal? Todo bien?
S: HOLA?
S: estás?
Has enviado un zumbido
S: cuando vuelves me zumbas pues
S: oye… ya pasaron 4 horas…
S: creo que no estás

S: más tarde te llamo
Ha cerrado sesión

MIERDA, se fue, o sea… ¡sí estaba!, estaba pero no me habló… maldito, te odio, te odio.
(2 horas después)
Mejor lo llamo, de repente solo se le fue el Internet, claro, eso puede ser, LO LLAMO, más tarde LO LLAMO.
Tenía la felicidad que palpaba desde mis manos hasta llegar a esa sonrisa que tenía clavada en la cara, y repetía constantemente en voz alta, “lo voy a llamar, (yo no soy esa mujer que no sale de casa (8))”, y cantaba y volvía repetir “lo voy a llamar”, “Cecilia dice siempre lo que piensa, y casi nunca piensa como yo (8)” y pienso: no debería ser Cecilia… debería ser tu nombre amor. Y empiezo a cambiar las letras para que coincida con lo que nos pasa.

LA LLAMADA:
S: aló?
L: habla!
S: oye… te estuve hablando por msn, qué fue? no estabas?
L: puta… si oe sorry es que salí ps
S: ahhh yaaa, si lo supuse! no te preocupes, te creo
L: ah ya fresh ps
S: y qué planes?
L: puta nada flaca… oe te tengo que dejar, tengo clase
S: aaah pucha, ya no te preocupes, estamos hablando besito
L: ya flaquita chau un besooooooooooooooooooote

¡DIOS!, me dijo “flaquita” “besooooooooooooote”, ya está, quiere conmigo, le gusto puta madre tengo que contarle a la china.

CON LA CHINA:
CH: noooo jooodas huevonaaaaa
S: TE LO JURO, YO TAMPOCO LO CREÍA
CH: aalaa la hiciste!
S: siii, mañana todas me odian ah!

domingo, 11 de octubre de 2009

Esta va para ti

Estoy segura que leerás esto, tal vez no hoy, pero algún día seré yo quien te lo termine mostrando. Hoy me siento rara porque me he acordado de ti, y hace más de un mes que no sé nada de tus episodios ni de tus ideas absurdas para querer hacerme feliz solo las veces que nos extrañamos. Pero han pasado ya algunos años, no porque el tiempo es rápido, sino porque esos 2 años y 10 meses te he aguantado, he soportado tus abandonos y te he perdonado hasta borrar tus equivocaciones, un sacrificio de casi 3 años. Es posible que aún llore por ti, porque como alguna vez te amé, no voy a amar de la misma manera, solo es una vez, ¿aún te acuerdas? Desearía mil veces que estuvieras aquí, para decirnos las promesas frente a frente, para aburrirnos de vernos y no de no vernos, para dejar de lado el teléfono y empezar con las señas de manos, comenzar por esas miradas interminables, pudiendo rozar nuestras espaldas como defendiéndonos de los que nos atacan y decir una frase, tener nuestra propia frase. Sé que es absurdo, seguir explicándote cuánto fue lo que sentí por ti, que fui yo la que dio todo, la que luchó en una absurda batalla de dos. Ahora me dedico a hablar solo de ti, a relatar momentos extraordinarios mezclados con nuevos personajes, inventando lo que no se pudo continuar, me tienes harta, estoy cansada de llevarte en mi memoria, en mi cartera, en mis zapatos, en todos lados, me estas hartando y ahora te estoy odiando, te odio porque no puedo borrarte, no puedo por fin dejar esa mierda de recordarte tanto. ¿Cómo es que se comienzan a eliminar esos recuerdos que pusiste en tu memoria justamente para que no se vayan nunca?, no entiendo, creo que no hay forma, no hay normas a seguir, ni pasos, ni soluciones, no existe la manera de borrar absolutamente todo. Por ahí, me dicen que el tiempo borra las cosas, los recuerdos, los lamentos, los errores, las metidas de pata, los malos momentos, los más felices, el tiempo. Yo no creo en el tiempo, me hace daño, hace 2 años y 10 meses que me está matando y sé que lo seguirá haciendo, terminará por llevarme acorralada delante de una soga, el tiempo me matará y me acusarán de no haberle hecho caso. ¿Cómo deshacerme de lo que siempre fue lo que me mantuvo feliz e inocente?, maldita sea, maldito el tiempo en el que te conocí, en el que planee mi vida contigo, malditos los momentos en los que prometimos cosas ridículas, cosas que NUNCA MÁS llegarán, ¿entiendes lo que siento?. ¡DESPIERTA!, lo repito todos los días, ¡OLVIDA! Esta sobre mí, ¡VIVE! No me deja en paz, ¡TE AMO! Me tienes loca, loca de furia, de querer olvidarte de una vez, ¡LARGATE! Te lo digo en serio.

sábado, 10 de octubre de 2009

Argentino en busca de peruana

Ignacio, argentino, bello, bellísimo, no imaginario, misterioso, seductor, provocador, sin mentiras, ni ternura inventada, cariño real un poco incompleto, amante. Anoche tuvimos una conversación, larga, caprichosa e interminable. A veces siento que lo quiero, la necesidad de quererlo, de tenerlo. Es un pendejo, lo sé, pero me encanta, me enamora, me atrapa. Estuvimos hablando de la vida, y de otras cosas que son similares, estúpidas e ilógicas. Él esta enamorado, muriendo por ella, la que llama de todas las formas dulces y perfectas. No espero que se enamore de mí, espero hacerlo sentir cosas un poco más allá de lo común, que se sienta en otro espacio cuando habla conmigo, coquetearle, hacer que me prefiera entre ella y yo. Pienso, que si estuviera acá, lo dejaría atado por un largo tiempo, no lo soltaría, mi miedo de perderlo sería intenso, casi imparable, y mi miedo a amarlo, no existiría, lo amaría así, sin razón, por amarlo nada más. Ya no puedo cambiar realidades, solo puedo hacer de la ficción un camino a lo existente, a lo real, para darle vida, y un poco de dureza. Mi enamoramiento fantasioso se convierte en algo de todo los días, hablar con él me sujeta, no me suelta, me deja por largo tiempo frente a la computadora, tecleando suavemente, pensando exactamente lo que quiero decir, para seguir encantándolo, buscando la foto perfecta para impactarlo.

Casi poco, casi nada y casi mucho

En un bar a las diez, nos encontramos puntuales, bellos, distintos, bohemios. Me senté y lo observé, nos acordamos de esas épocas que se olvidan hasta que las vuelves a renacer, nos sonreímos, y nos volvimos a querer.

-Estoy de vuelta, pero aún no sé si me quedaré, no tengo ningún compromiso aquí-
-Jaja, no es necesario que tengas uno, puedes quedarte, solo por querer quedarte-
-Tú sabes que sin compromisos, no funciono-
-Sí, lo sé bien-
-Cambiando de tema, ¿cómo te ha ido todo?-
-Bien, felizmente, estresada por trabajo, pero todo bien-
-Ah… y… ¿te casarás?, ¿tienes hijos?
-Tengo 27 años, no es necesario que esté casada y con hijos, aún soy libre-
-Sí, siempre lo fuiste, tu libertad esta primero, que increíble… lo había olvidado-
-¿Tú?, ¿olvidar?, jaja, hemos cambiado… profundamente-
-Sí, los dos-

Nos fuimos, decidimos caminar por ahí, “como hace años”, dijimos. Después de esa larga caminata, nos sentamos en unas bancas en el parque Kennedy, nos vimos mucho, sin parpadear, sin rencor, con ilusión, nos pintamos con la personalidad de hace muchos años, para extrañarnos y volver en esos tiempos, solo por unos segundos, y luego cambiar y convertirnos en lo que somos, y que nunca quisimos ser. Nos preguntamos cosas, las mismas preguntas de cuando éramos mocosos en época de golosinas, “primero vas tú, y luego voy yo, ya ¡comienza!”. Era tarde, me paré para despedir esos recuerdos que vinieron, me cogió de la cintura y me jaló con fuerza, puse mis brazos alrededor de su cuello, lo mire fijo sintiendo su respiración, acaricié su cabello, lo besé.

Ella, yo

Como empezando a reconocernos, el día especial era casi perfecto y mis momentos de locura se iban desvaneciendo por la felicidad que andaba merodeando. No supe muy bien si encontrarme con ella nuevamente regresaría a lo que ya había enterrado. Después de esos episodios y capítulos que inventamos nos encontramos de niñas, jugando con barbies y armando una casa llena de lujos. En su casa del árbol, nos escondíamos de los que nos podían hacer daño, nos íbamos a ese lugar y le encontrábamos un sabor a refugio, a libertad, a grandeza. Empezamos a crecer, sin querer, pero crecimos tanto que nos íbamos olvidando de las buenas cosas que tiene la vida, del momento de actuar con coraje y venganza, del momento lleno de risas, y de las sonrisas que son transparentes, tan inocentes como un buen dulce. Sentadas en un parque, con la mirada para arriba, caían gotas de nuestros ojos, se nos nubló la vista, nos miramos, y nos sonreímos y sentimos la necesidad de abrazarnos por un largo tiempo, de vomitar promesas, de atarnos, de fumar puchos, y caminar con largos pasos. Mientras caminamos, nos reíamos de todo, esos recuerdos chistosos que no se olvidan con facilidad se quedaron grabados en nuestros pasos por ese momento, nos asombramos de la buena memoria que tenemos para acordarnos de cosas ridículas.

lunes, 5 de octubre de 2009

¡BASTA!

Hoy amanecí con ganas de cambiarte un poco, de rechazar todo lo que no das, de desarmarme frente a ti, esperando la respuesta que quiero, la respuesta de aceptación, esperando una invitación de bienvenida, escrita por ti. Pero por otro lado, quiero que te largues, que dejes en paz mi cabeza y a mis momentos de insomnio, que dejes el número telefónico de mi casa y las reemplaces por esas matemáticas que tanto sabes. Yo, sin embargo, no puedo ser perfecta, soy una diagramación distinta de un gráfico de contabilidad, soy la inestabilidad de una parte estable de todo lo que es cierto, y tú eres la duda de ese infierno que llevas dentro, ¿ahora entiendes cómo se ve la situación?
Él: no es tu culpa
Ella: ¿no?, si la es
Él: no, no digas eso
Ella: ya no sé qué hacer, en verdad, ya se cagó todo
Él: no es tu culpa, yo no te he dejado de amar, no lo haré, yo sé que no
Ella: no te creo, ahora ya no, a veces me levanto con ganas de que todo sea igual que antes, pero sé que no, que ya no TODO es igual, que ya se jodió todo y que ya no va a ser lo mismo
Él: sí, yo lo sé
Ella: sí, tú siempre sabes todo
Él: no todo

Ella: sí, ahora ya lo sabes todo
"..." Ha cerrado sesión

Momentos

Yo no tengo momentos instantáneos, ni esos momentos de satisfacción, tengo más bien, momentos débiles y llenos de furia, esos momentos que me nombran en una lista, y le ponen mi nombre como el título mayor, esos momentos me derrotan, me acaban por completo las ganas, mis necesidades y la poca alegría que ya no tengo. Me quiero despedir de ese recuerdo que tengo en las anécdotas de mi vida, de esa sonrisa que marca con fuerza mis momentos felices. Me metí a la cama porque ya no quiero escribir con ese lapicero sin tinta, porque ya no quiero borrar una etapa inútil para reemplazarla por una que valió la pena, ya no quiero simplemente lo de siempre, me harté de ti y de tus cosas alrededor. Tal vez te elegí, pero fue al azar, no te evalúe antes y ahora como me arrepiento, puede ser que mis ideas sobre ti sean absurdas y dolorosas, pero eso representas tu, lo absurdo y ese dolor de época pasada, de batalla perdida, de momentos tristes, tan tristes como mi soledad sola.